martes, 22 de marzo de 2011

¡Vamos las pibas...!

esto salió en domingo en Miradas al Sur...

seguimos invitado a subir impresiones de quienes allí estuvieron...



¡Vamos las pibas...!

por Gisela Carpineta el Sáb, 19/03/2011 -
Año 3. Edición número 148. Domingo 20 de marzo de 2011
(DIEGO MARTÍNEZ)
Una tarde de carnaval en la cárcel de Ezeiza, iniciativa de la Subsecretaría de Gestión Penitenciaria

Ella que baila en el medio de los tambores de traje murguero violeta y amarillo, se saca la galera de brillos y se mueve alrededor totalmente ensimismada. Como desatándose de a poco, como olvidándose de todo lo que hace mal. Ella es La Mona, tiene 21 años y está a punto de transformarse en la reina del Carnaval de la Unidad 3 de Ezeiza. Se sospecha no bien se la ve en el Centro Cultural de la Unidad, donde las chicas se preparan para salir a desfilar. Después, empieza la procesión que las llevará a ver el cielo sin rejas ni alambres de por medio. La Mona es pura alegría y cada vez que se ríe se vuelve niña otra vez.
Por las callecitas que conectan los distintos edificios del penal pasan Los Tambores No Callan, la comparsa Maracatú, el Frente Murguero, la agrupación Negros de Cabeza, los abuelos del Ecunhi y otros que llegaron a Ezeiza para festejar el Carnaval con las detenidas. Las chicas se prepararon todo el verano para la ocasión, desde los distintos talleres financiados por el Ministerio de Justicia. Pintaron los tambores, practicaron percusión, baile; diseñaron y confeccionaron los vestidos, los trajes, las galeras.
Después de 35 años, se recuperó el feriado del Carnaval. Las murgas y corsos populares pudieron recuperar el espacio público con sus manifestaciones artísticas. De igual manera, las internas ganaron espacios de expresión en el penal, como el Centro Cultural inaugurado el año pasado, donde se realizan los talleres de arte, y la posibilidad de festejar en el jardín que se encuentra por fuera del edificio donde están los pabellones. La iniciativa forma parte de la política cultural que se lleva adelante desde la Subsecretaria de Gestión Penitenciaria.
La Mona pasa por el corsódromo, las otras reclusas miran desde el cordón y le gritan todas las palabras de amor, y el “mueva, mueva” característico. Es una de las detenidas más queridas de la Unidad. Cuando vuelve en sí y deja de zangolotear las mil trencitas contenidas en la vincha blanca, busca con la mirada a algunas de sus compañeras del público y les tira un beso. Si la guardiacárcel no está tan encima de las reclusas, La Mona pasa y les da una palmada en la cola o un abrazo rapidón. Entre ellas también hay algunas ex detenidas que volvieron a la cárcel a festejar el Carnaval. Muchas vuelven porque han participado de los talleres estando en la cárcel y al salir los retomaron con los mismos profes, pero en sus respectivas clases del afuera.
“Esto que se ve es un corso como el que pudo verse en cualquier barrio en el feriado de Carnaval. Pero acá estamos en la cárcel. Y que las chicas puedan estar afuera, en el jardín, es un logro. Sólo hemos salido los dos últimos días de la primavera. Pero nunca se hacen actividades con tanta gente que viene desde afuera. Lo importante es que estamos todos juntos y se rompen un montón de monstruos, estigmas y prejuicios”, dice Cecilia Benavídez, la profesora del taller de danza en el penal.
“Que las chicas puedan salir de la unidad y puedan pasar una tarde al sol, en el pasto, bailando, cantando, es ganar un espacio”, cuenta Ana González, coordinadora de todos los talleres junto a Diego Urribarri. Ana González trabaja en conjunto con el subsecretario Alejandro Marambio, quien expresó que el Carnaval “es parte de la política comenzada en 2007 de mejores condiciones de detención, no sólo estructurales, sino humanas y culturales. El objetivo es disminuir el efecto de la falta de socialización del encierro que dificulta la rehabilitación y la reinserción de los internos, al final de su condena”.

En la Unidad 3 hay cerca de 400 detenidas. Salieron unas doscientas para el Carnaval. El resto se quedó en los pabellones, limpiando, durmiendo la siesta o haciendo llamados a la familia. Fue el caso de la modelo colombiana que no quiso salir al enterarse que la prensa iba a estar presente. Algunos medios se fueron no bien llegados al enterarse de que la modelo no quería dar notas.
Desde el comienzo de la gestión, en 2007, entre otros resultados del SPF se puede destacar que el 90 por ciento de los internos trabajan, el 70 por ciento estudia y el 60 por ciento realiza actividades culturales o de capacitación. También disminuyó la violencia intramuros, hasta llegar a cero muertes por hechos de violencia. “El festejo del Carnaval es un acto de expresión dentro de la reclusión, y el valor de reconocimiento social que los internos sienten en cuanto a su derecho a la alegría”, expresó Marambio, el primer civil en entrar a la dirección del Servicio Penitenciario, quien, como afirman los talleristas y compañeros de trabajo, fue el que permitió desde el Estado el desarrollo de las políticas culturales sostenidas en el tiempo.
“Algunas de estas mujeres no participaron nunca de una fiesta así, no es que a ellas las actividades culturales les llegan todo el tiempo. De ahí la importancia que tienen. Algunas habían bailado murga en el Inchausti, el instituto de menores, donde se mantuvo el profesor para que las chicas puedan tener una continuidad de trabajo que les dé confianza”, relata Ana González.
“En este lugar, sostener es muy difícil. Acá lo que se necesita son personas que sostengan su trabajo en estos espacios, el estar encontrándonos una vez por semana”, dice Cecilia Benavídez, tallerista. “Es un trabajo de hormiga –dice González–, los docentes se cargan el laburo de venir todas las semanas, y nosotros tratamos de que lo que ellos hacen tenga un correlato desde la gestión del Estado, desde el empleado público, para que no se quede atado al escritorio y se piense activamente la gestión”. González va todas las semanas al penal y organiza las actividades desde la Unidad: habla con las detenidas todo el tiempo, comparte tiempo con ellas, las escucha, las acompaña en todos los procesos de las actividades. Ellas la buscan para una foto, la abrazan. A González se la quiere. De esa manera se van gestando los talleres y sus respectivas actividades. “A las pibas les pasan cosas todo el tiempo, las noticias que vienen del afuera, de sus familias, por ejemplo, no son necesariamente buenas noticias. Es importante que se hayan predispuesto a pasar un día de fiesta”, señala González.

Fiesta y saludo a los ancestros. Los abuelos del Ecunhi conocieron la cárcel por primera vez. Son los talleristas del taller de danzas de la colonia cultural de adultos mayores. Vinieron con sus trajes a festejar el Carnaval. Hoy un señor de unos 70, flaco, alto, un poco encorvado y vestido de gala: galera de gajos negros y plateados, camisa blanca impecable, chalequito de los ’50. Entra a la pista con sus compañeros del Pami y enseguida termina bailando con La Mona , que se le acerca entre sonrisas marcándole los pasitos de la murga. La patadita murguera, que significa que se rompió la cadena. Benacio, el abuelo que baila y lleva su bastón con ritmo, se lleva todas las miradas. Al terminar el baile con La Mona , se chocan los cinco. Otra detenida se acerca y pide una foto con “el bailarín”. Los distintos grupos llegaron en unas combis de una de las sedes del SPF en Lavalle y Pueyrredón. La fusión fue instantánea. Las abuelas mueven sus polleras y se abanican con gracia entre las detenidas. Esta cronista no puede evitar acercarse a Benacio y estrecharle la mano en señal de felicitación. Benacio agradece: “Vine porque hay que festejar, me gusta que bailemos todos juntos, no importa quiénes de las chicas están detenidas, cada uno tiene una vida, hoy son mis compañeras de baile y vamos a compartir la tarde”. Pasa una de las reclusas, le palmea el hombro a Benacio e informa a los gritos “¡Mi abuelo murguero preferido!”. Benacio sonríe.
Cuando desfilan por el corsódromo, los abuelos van entre Los Tambores No Callan y las chicas del taller de danza con los pollerones y blusas entre rosas y naranjas que ellas mismas confeccionaron. La profe Cecilia Benavídez, alias La Negra, reúne a las chicas en un círculo, ceremonia que repetirán durante todo el recorrido. Las chicas se miran, levantan la vista al cielo y alzan sus brazos manteniendo la ronda. Después se encogen como abrazándose a ellas mismas. Extienden sus brazos hacia el centro, dibujando un camino. El saludo lo repiten frente a los abuelos como reverenciándolos. Benavídez explica: “El respeto por los ancestros es parte fundamental de lo afro. Los que vinieron antes que uno hicieron camino para que nosotros estemos aquí. Y nosotros tenemos que hacer camino para los que vienen. Ese saludo tiene que ver con eso. Los brazos arriba significan la posibilidad de mirar un cielo que ellas muchas veces no pueden ver, poder mirar hacia afuera y poder mirar hacia adentro para poder iniciar un camino nuevo”.
La ceremonia emociona a algunos de los que estamos aun sin saber su simbología. Algo pasa en el cuerpo cuando sucede. El último saludo se realiza llegando al jardín donde está el escenario en el que cerrarán la velada la banda reggae Don Freak y los cumbiancheros japoneses de Los Parraleños. “Bailar es sentirse un poco libre”, dice Mari, una de las detenidas del pabellón 5. “Cómo cambia la vida de uno si uno se lo propone, me digo, bah, me convenzo”, dice la piba que está tratando de “hacer buena letra”. Llegó a los 4 puntos de buena conducta sobre 10. Está complicada. De todas maneras trabaja desde adentro para una fábrica de motos, y participa de los talleres. “Hace un tiempo estaba de bardo, me quise escapar, me agarraron, y después me corté acá –señala sus muñecas que ya casi no llevan marca–. Fue superficial, no es que me quería matar, pero a veces te tenés que sacar la bronca de alguna manera”, dice y se cuelga mirando el cielo. Tiene 21 años. Dos hijos. Un novio en Marcos Paz. Y unos ojos tristes que no lloraron demasiado. “Acá adentro decaés todo el tiempo, a veces tenés muchas ganas y no sabés cómo usarlas. Esto del Carnaval está bueno, ver gente, bailar, escuchar música.”
Algunos espaldas de murga lucen a Perón y Evita, a Maradona; las hay con Cayetanos, La Mona Giménez, el Nestornauta. Las detenidas piden fotos todo el tiempo. Posan al sol arqueando caderas con gafas de sol que piden prestadas a los que estamos de visita. Muestran las remeras del Carnaval que llevan la frase de Jauretche con la que vienen trabajando: “Nada bueno se puede hacer con la tristeza”. Tienen purpurina en la cara, y dibujitos entre los ojos. Dicen whisky y a la morocha de labios prominentes, probablemente la que más fotos pidió que le sacaran, le da risa: “Hagamos de cuenta que me la saqué en Mar de Plata, eh”. Después vienen dos de la mano y se dan un beso para otra foto.
“¡Vamos las pibas!”, se escucha cada tanto. Entre el tumulto, enternece una clown con nariz payasa y una señora con una mascara que va tirando besos por ahí. Son de la agrupación político-cultural Negros de Cabeza. Días antes se reunieron en la plaza Martín Fierro del barrio de San Cristóbal para hacer títeres y regalarlos en el Penal. Distintas historias. Los mismos mensajes de otro mundo con la misma letra. “La libertad de expresión recién comienza”, grita una detenida que se subió al escenario de Los Parraleños y tomó el micrófono. Mandó cariños a las cumpleañeras de los distintos pabellones, y un saludo para su mamá, “que es la más hermosa del mundo”. Como quien no quiere la cosa, los cumbiancheros japoneses no sólo tocaron Child in Time, el tema de Deep Purple que ensamblan con Quién se ha tomado todo el vino, sino que cerraron la velada de Carnaval con ese de Dos Minutos que corea “Sos buchón, sos buchón”. Las detenidas poguearon. Los guardiacárceles, cara de naipe.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Anónimo lorena dijo...

http://tiempo.elargentino.com/notas/fuerza-del-carnaval-atraveso-los-muros-del-penal-de-ezeiza

Hola como estan, quería contarles que las imágenes no se me borran de la cabeza, son como destellos y sensaciones que vuelven a mi cabeza por estos días.
Conversando con uno de los abuelos del Ecunhi me dijo "esto no te lo olvidas en tu vida" .. y creo que es así.
Las sonrisas de las chicas, esa libertad que se respiraba. Considero que fue un gran acto de amor. Agradezco infinitamente a Cecilia Benavidez y a Diego Cueto por tener el temple que hay que tener para realizar esto.
Cariños. Lorena

20 de marzo de 2011 19:13

diego cueto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Alejandro dijo...

Quiero expresar las sensaciones que desde el viernes me rodean. Creo que lo que se vivió en el Penal fue una experiencia increíble.
A medida que pasa el tiempo, y la gran fiesta queda más lejos, voy tomando dimensión de lo que tuve la suerte de vivir.
Sin dudas, como imagino las internas tampoco, jamás olvidaré ese día, y ojalá se repita y se multiplique esta y otras iniciativas con el mismo espíritu.
Gracias a los que organizaron, a los que colaboramos y, sobre todo, a las chicas por compartirlo con tanta alegría.
Un abrazo grande para todos.
Ale.

21 de marzo de 2011 06:46

Anónimo dijo...

Anónimo Noe dijo...

Asi es, las palabras quedan cortas...pero lo que se alarga, lo que crece y se expande, con estas experiencias, es nuestra alma y con ella la capacidad de estar cerca, de amarnos de alegrarnos, de estar vivos...más allá de las paredes, del encierro.
Gracias Ceci por sostener este enorme trabajo y abrirlo.

22 de marzo de 2011 07:47

jorge dijo...

Esto demuestra que las expresiones culturales nos hacen mejores personas y puede verse a dos puntas, entre los docentes y colaboradores que se desempeñan en el penal, y en las internas que, según los testimonios, esperan salir para reconstruir su vida. Soy profesor superior de tango,la nota me impactó y me pregunto si se podría colaborar en algo en este proyecto. No se como cumunicarme con Cecilia, me pueden pasar un mail, agradecido. jorge email; jorgel35@hotmail.com (ojo, es jorge con "ele" final, lo aclaro porque puede confundirse con el numero uno)